martes, 18 de noviembre de 2014

“Las sociedades más libres son las que tienen más capacidad de reírse de si mismas”

Paco Obregón, actor de teatro, televisión y cine

Paco Obregón en Rec 4 interpreta al Dr. Ginard
           Durango. Ai ama!. Dos camareros. Una variedad de “pintxos” sobre la barra. Una cafetera industrial en pleno funcionamiento. El olor del café recién hecho. Un bar distinto: tiene mesas, sillas, un sofá, una lámpara con forma de araña, letras y animales de madera. Todo de estilo “vintage”. Algo que no tiene: televisión. Las cuatro paredes del bar Ai ama! atienden a un gentío continuo. Entre la multitud sentado en una de las mesas está el durangués Paco Obregón. Él licenciado en Magisterio se dedica desde hace más de 40 años a actuar tanto en televisión, en cine como en su verdadera pasión: el teatro. Con un café solo y la llamada de un amigo se prepara para la entrevista.

P. Sus comienzos fueron en teatro pero también ha actuado en series de televisión como Los Serrano, Camera Café, Doctor Mateo, Águila Roja, La que se avecina, Los misterios de Laura, etc. Por ello, ¿en que se diferencian el teatro y la televisión?

R. Pues los actores de televisión son como corredores de al menos de 400 metros lisos. En cambio, los actores de teatro somos corredores más de 10.000 metros o maratón. Por eso yo me siento muy raro haciendo televisión, porque es como si le pides a un maratoniano que corra 100 metros. Son unos tiempos y unas velocidades que yo no comprendo ni consigo. Aunque soy un hombre enérgico, cierto es que soy de pueblo y tengo un tiempo lento para mis cosas y las cosas que me parecen realmente importantes en la vida. Creo que esas cosas se consiguen madurando muy lentamente y con tiempo. La televisión, en cambio, es instantánea, va todo rápido. Mientras que el teatro tiene otros tiempos para crearse.

P. ¿El ensayo por ejemplo?

R. Por supuesto. El ensayo prácticamente no existe en televisión. El ensayo es prueba por definición. En teatro vas probando, vas tanteando, vas creando poco a poco. Yo me siento bien ensayando, no me cansa, por eso me apasiona el teatro más que la televisión.

P. ¿Cree que la gente valora más una obra con drama, es decir, una tragedia, que algunas obras con estilo cómico?

R. Si, podría ser.

P. ¿Por qué cree que sucede esto?
R. Quizás porque la comedia nace después y detrás del drama, ya que hay comedias que previamente son tragedias. Eso ya le da un aspecto de segundón. También podría ser porque el drama trata de las zonas más oscuras del ser humano mientras que la comedia en ese sentido alcanza menos, no tiene esa dimensión puesto que extrae muchísimo material de lo más cotidiano, de lo más elemental. Esa es la diferencia.

P. ¿Y desde el punto de la interpretación? ¿Es lo mismo representar una tragedia que una comedia?

R. No. Es mucho más arriesgado trabajar la comedia que el drama. En el sentido de que es muchísimo más cruel el fracaso o el error en la comedia que en la tragedia. También diría que los actores de una comedia sufren prácticamente lo mismo que los de una tragedia. Es decir, cuanto más sufra un personaje más cerca estaremos de la comicidad. Nos reímos porque sufren terriblemente y cuanto más sufran más cómicos son. Nos reímos de la banalidad de sufrir por cosas que no merecen la pena, por ejemplo, Sabino Arana sufrió muchísimo porque no sabía si en sus 48 apellidos había uno que no era vasco.

P. ¿Diría que hoy en día se utiliza más el humor en los medios de comunicación que hace unos años, por ejemplo, que en los 70 u 80?

R. Es posible.

P. ¿Por qué?

R. Yo creo que las sociedades más libres son las que tienen más capacidad de reírse de si mismas. Por lo tanto, hace unos años, esto era una sociedad mucho menos libre y quizás el humor no se permitía. Ya que la libertad y el humor son dos cosas que van muy unidas. Por ejemplo, si tu te puedes reír de tu lehendakari como de cualquier otro ser humano, si puedes celebrar el carnaval y puedes hacer humor continuamente, es decir, que el carnaval se extiende en los 365 días del año, es una sociedad libre. Si ese carnaval solo se permite en determinadas circunstancias o en determinados lugares, pues eso no va bien ya que es una sociedad menos libre.

   P. ¿Cree que en momentos de crisis, como la que se esta viviendo, el humor toma más relevancia en nuestro día a día?

   R. Bueno, aunque es más difícil, más doloroso o doliente, a la vez quizás es más necesario. Porque reírte de ti mismo en los momentos en que las cosas no van bien, es más complicado, pero es imprescindible porque puedes echar una miradita y ver si en realidad estás haciendo las cosas de forma correcta o no. Por ejemplo, si una persona que padece cáncer se ríe cuando habla de ello, es porque acepta su dolor. Además en la medida que no arroja angustia, sufrimiento a los demás es mucho menos egoísta. Por eso, el humor está muy unido con la generosidad, y no a lo contrario.

P. Finalmente, ¿qué recursos se pueden utilizar para comunicar con humor?

R. Bueno creo que lo más importantes para comunicar con humor es saber a quién estás hablando y acercarte a ellos. Asimismo debes ver el discurso que vas a transmitir de una forma relativa y dúctil porque si lo que vas a contar son verdades absolutas entonces no tienes ningún sentido del humor y además estarás por encima de los demás. En cambio, el humor exige estar al mismo nivel, no se trata de hablar desde pedestales y con verdades absolutas sino tener la capacidad de colocarse al mismo nivel que el resto. Por otro lado, tienes que tener una capacidad crítica y autocrítica para tener sentido del humor. Porque quien trata de imponer las cosas, por ejemplo un dictador, no tiene ningún sentido de humor. De forma que tampoco tiene ninguna capacidad de crítica hacia sus convicciones. El mejor antídoto contra la imposición es el humor. Ya que justamente el movimiento, la posibilidad de ver las cosas de otra manera, de cambiarlas, de modificarlas…es lo que hace que el humor exista, si no es imposible.


¿Cómo se hizo?





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