martes, 4 de noviembre de 2014

“Comunicar puede ser fácil, pero hacerlo con gracia y con buen gusto es muy difícil”

Patxi González, actor de cine y televisión

Fan del Athletic de Bilbao y de su pueblo Amorebieta. Le gusta leer ensayo, y sobre todo filosofía. No le regales una novela, no soporta las largas descripciones. Escribe y canta, ha actuado en películas como Aupa Etxebeste!. Asegura haberse recorrido el pasillo de su casa tantas veces para aprenderse sus papeles que al día ha podido andar 5 kilómetros. A sus 65 años es un hombre serio al que le gusta el buen sentido del humor y estar con sus amigos. Le define su condición, ha pasado del catolicismo a reivindicar el comunismo, y ahora es crítico con los dos. Todo bajo una actitud ante la vida que él define como “la alegría”.

P: ¿El sentido del humor se trabaja o se nace con él?

R: El sentido del humor es un sentido que todos tenemos. Yo creo que hay una actitud positiva ante la vida, que es otra cosa, yo le llamo “la alegría”. Una actitud vital con la que buscas que el ambiente en el que estás y te rodea sea bueno, que allí donde faltes se note la falta. Creo que debería ser una obligación, como ser educado. Como el buen gusto que tarda mucho tiempo en educarse, lo cutre enseguida se aprende.

P: ¿Esa “alegría” ayuda a la comunicación?

R:  Comunicar puede ser fácil, pero hacerlo con gracia y hacer las cosas con vuelta, con recato y buen gusto es muy difícil. Sin caer en la vulgaridad, porque el mundo está lleno.
Yo creo que la profesionalidad es lo que ayuda. Una actitud positiva no es sinónimo de querer comerte el mundo porque hay una cosa que se llama “el ridículo” y yo tengo un miedo al ridículo espantoso.

P: Sin embargo no le importa salir en sujetador

R:  He salido en sujetador, he salido en tanga y enseñando, y sin embargo hoy me dirían tienes que desnudarte en una película y me daría pudor, estoy mejor vestido (ríe). Ahora parece que el que se desnuda tiene que ser guapo, tiene que enseñar lo mejor que tiene y la verdad es que antes eso no importaba tanto.

La profesionalidad es fundamental, entre otras cosas, para vencer el miedo al ridículo. No basta con ser gracioso y atrevido para salir del paso: además hay que hacerlo bien y eso solo te lo ofrece la profesionalidad. Si alguien te llama para comunicar algo es porque lo haces con esa alegría, tienes que creer en lo que haces y pasártelo bien. 

P: ¿El humor es un arma peligrosa?

R:  El buen humor es maligno a veces, con el buen humor podemos hacer mucho mal y deberíamos  utilizarlo éticamente, como todo en esta vida.  El humor negro puede hacer mucho daño, y lo ha hecho. A veces te ríes y luego tienes que pedir perdón.

Con lo que más he disfrutado posiblemente es la época en la que militaba en ese partido político fracasado, que se llamaba Movimiento Comunista de Euskadi (EMK). Ahí estuvimos desde que empezó el franquismo hasta hace 5 años que se ha disuelto formalmente. Hemos hecho política disfrutando, un grupo de gente a los que a todos nos gustaba hacer lo mismo. Esta era la manera de mandar un  mensaje al público y así se creó el EMK Zirkus. Lo utilizábamos para las campañas electorales, en la campaña a favor de la insumisión, en contra de la mili…

Hacíamos  política con humor, hoy yo no sería capaz de hacer lo que hacíamos entonces. Porque valía cualquier cosa, como denigrar a la guardia civil y nos reíamos de eso.
A mí me cuesta decirlo, hemos estado jaleando mucho tiempo cosas que ahora te das cuenta que no podían ser. Cada uno tiene que pedir perdón por lo que ha hecho, cada uno su perdoncito.

P: ¿Recuerda alguna campaña de humor que le haya llamado la atención?

R:  La verdad es que no veo mucho la televisión. Pero los que me parecen nefastos de humor, son los anuncios de Euskaltel. Harán gracia a quienes vayan dirigidos, pero a mí me parece de un humor fatuo y fácil

P: ¿Qué opinión le merecen los tópicos?

R:  Estoy leyendo un libro sobre eso “Tantos tontos tópicos”. Hay tópicos que pueden ser positivos, pero otros son tristemente desgraciados y  los usamos sin reflexión.
Estuve en el seminario y creía fervientemente en la religión católica y cambié, cambié de religión.
De una religión que nos prometía el mundo en el más allá a otra que era el marxismo, el comunismo, que nos ofrecía otro mundo diferente, y para ello había que hacer las revoluciones, había que matar. Cambié dos veces de religión y soy crítico con las dos. Soy anti tópico e inflexible en ese aspecto.



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