Argentina. Hospital Pediátrico de Rosario. En
una sala “aburrida” se encuentran cinco personas. Llevan batas blancas. No son
médicos, no llevan fonendoscopios, instrumento que utilizan los especialistas
para escuchar los sonidos internos del cuerpo. En cambio, van acompañados de un
acordeón, un ukelele y humor. Con ropa llamativa y adornos coloridos: flores, narices
rojas y sombreros. Cualquiera diría que se han confundido de lugar pero parece
ser que no. ¿Por tanto, quiénes son? Son los cinco payasos que completan Locura
de Clown: Maru De Rosa, Nicolás Cefarelli, Estepi Caminotti, Lucila Valfosca y
Franco Pugnalon. Un grupo que comenzó con la inquietud de Maru De Rosa, de 26
años.
Tras conocer a una payasa comunitaria del equipo de Patch Adams que viajaba por
los hospitales del mundo, De Rosa comenzó a investigar sobre el arte y la
salud. En ese momento invitó a los otros cuatro artistas a formar parte del
proyecto y surgió Locura de Clown. “Siempre trabajé con y para niños, entonces me encontré en la necesidad
de vincular el arte con los espacios hostiles para ellos”, comenta Maru DeRosa en una entrevista por correo electrónico.
R. A través del payaso, uno
es inocente y el mundo es todo el tiempo un gran espacio lleno de cosas por
descubrir. El juego del payaso se basa en estar conectado con todos los
sentidos en el presente, para valorar ese instante como único objetivo, para
moldearnos a lo que los niños quieren que seamos: un superhéroe, un poeta, una
princesa, un elefante. Creemos que el hospital es un medio hostil y a veces
frío, donde los niños no deciden nada de lo que les sucede. Entonces es aquí
donde la presencia del payaso cobra una misión fundamental: darles protagonismo
a cada uno de los niños, dejar que –dentro de un marco donde no pueden elegir–
decidan sobre nosotros y aunque sea por un rato se conecten con sus aspectos
sanos, desde el juego, ya que los niños nunca –o casi nunca– pierden las ganas
de jugar.
P. ¿Qué rol cumple Locura de
Clown en un hospital?
R. Nosotros trabajamos tanto con los niños
internados como con sus familiares y acompañantes. Es por eso que consideramos
que el artista en el hospital cumple el rol vincular, es decir que abre puentes
de comunicación entre las personas y los espacios.
P. ¿Cómo reaccionan los enfermos
al verles por primera vez?
R. La primer reacción es de asombro. Los bebés
abren los ojos atónitos ante la presencia colorida y musical de los payasos.
Muchos de los niños nos ven pasar por la puerta de la sala, y nos salen a
buscar. Nosotros trabajamos desde el permiso. Es decir, sólo jugamos con
los niños que tienen ganas de hacerlo. Pedimos permiso desde fuera de la sala,
a veces es literal con la pregunta “¿Podemos pasar?” y otras veces con una
conexión a través de la mirada nos damos cuenta de que somos bien recibidos.

P. ¿El humor se diferencia en
algo al actuar ante niños, adultos o ancianos?
R. El clown tiene la
maravillosa cualidad de trabajar desde la inocencia, sin dejar de lado la
picardía o la viveza. En este sentido el humor del payaso es universal. Si
tomamos como ejemplo las películas de Charles Chaplin, todos los momentos
humorísticos harán divertir a un niño, a un adulto y a un anciano. Los ancianos
y los niños se parecen mucho, y a todos, tengamos la edad que tengamos, nos
gusta que nos cuenten historias, que nos lleven a otros mundos.
P. ¿Cómo ayuda el humor en el
ámbito hospitalario?
R. Dentro del blanco y serio ambiente hospitalario,
el payaso ofrece color y una invitación inusual a formar parte de algo que
puede ir más allá de un lugar hostil. Nosotros tenemos un vestuario muy
cuidado, con telas que responden a las medidas de bioseguridad necesarias.
Utilizamos guardapolvos (batas) con la clara intención de transmitir que los
payasos “somos parte” del hospital y que dicho ámbito puede no ser tan hostil.
Es decir que no todo lo bueno, divertido y colorido tenga que pertenecer
necesariamente al “afuera” del hospital.
P. ¿Qué importancia tiene el
humor en contacto con el enfermo?
R. Nosotros
trabajamos desde el arte, y muchas veces tiene que ver con el humor pero
también con la música, la poesía, las historias, las improvisaciones, siempre empapadas
de un tono dulce y simpático. Nuestro “éxito” es poder crear un ambiente de
juego en un espacio donde no hay lugar para el mismo. Por otra parte, cuando
jugamos con los niños, no vemos “un niño enfermo”, sino que vemos un sujeto
complejo y completo que siente y vive muchas otras situaciones además de la
internación. Entonces, tenemos la posibilidad de jugar con todos los aspectos
sanos del niño, para poder focalizarnos en ellos y que pueda estar más fuerte y
anímicamente contenido como para enfrentar una enfermedad.
P. ¿Podría definir 6 o 7 razones
por las que es positivo comunicarse con humor con los pacientes? ¿Cuáles y por
qué?
R. Realmente estamos investigando mucho acerca del
tema, ya que hay muy pocos estudios acerca de los efectos del arte en la salud.
Nuestro referente y gran amigo es el Dr. Gustavo Rivara, payaso de hospital de
la ONG amiga Bola Roja, de Perú. Él ha investigado cuantitativamente “los
efectos del clown como analgésico no farmacológico”, requeriría una entrevista
aparte hablar sobre sus trabajos y estudios.
Aunque, podemos decir
que es positivo comunicarse desde el humor porque:
·
Brinda otra forma de
ver el mundo
· Permite centrarse en
cada una de las personas, fortaleciendo la
subjetividad y la autoestima.
·
Brinda la posibilidad
de elección
· Ofrece herramientas
como puente para la salud. Por ejemplo, una
vez había un niño con discapacidades severas motoras y mentales, estábamos
intentando jugar con él, pero no parecía haber conexión alguna. En un momento
comenzamos a cantarle una canción, él empezó a reír y tanto su madre como sus
familiares venían a ver lo que sucedía…nunca le habían cantado. Pues ahora
saben que pueden hacerlo.
¿Cómo se hizo?
¿Cómo se hizo?
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| Grupo Locura de Clown (Argentina) |

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