Koldo Edorta Atxaga, profesor de creatividad y diseñador gráfico
Un cacahuete.
¿Quién come cacahuetes? Un elefante. ¿Qué tiene un elefante? Buena memoria.
¿Qué tiene mucha memoria? Un disco duro… ¡Un ordenador! Ahí quería yo llegar.
Así es como Koldo Edorta Atxaga comienza una de sus clases de creatividad en la Universidad Pública del País Vasco. Un profesor
que considera que un ambiente informal es necesario para que fluyan las ideas.
Una charla entretenida en la que Koldo analiza el papel del humor en la
creatividad.
P:
El humor va variando con el tiempo al igual que las costumbres, ¿quizá no sea
el método más efectivo para que una campaña sea memorable?
R: Claro, es lo que tienen las cosas muy explosivas en un determinado
momento. Si quieres llamar mucho la atención y ser muy fresco en el momento hay
muchas posibilidades de que al cabo del tiempo esa manera de actuar pase de
moda y no resista el paso del tiempo. Si utilizas un lenguaje más clásico va a
perdurar durante el tiempo con mayor garantía pero a lo mejor no tiene fuerza
en un principio, y la publicidad tiene una vida muy corta.
La sociedad va
variando. Quien hace publicidad tiene que hacer trajes a medida de la gente.
Por ejemplo, cuando caen los modelos de referencia el humor absurdo se revela
como una manera más fresca de afrontar la realidad.
P: La publicidad como ha dicho
representa la sociedad, ¿no podría ser la encargada de frenar algunos
estereotipos?
R: Todo está relacionado, todo se alimenta, y la publicidad desde
luego ni busca ni desea cambiar la sociedad. La publicidad está al servicio de
una empresa comercial que quiere tener beneficios en su máquina registradora. De
ti depende también la ética que manejes, hasta donde estás dispuesto ser
populista o no. Creo que no es una función de la publicidad.
P: Esa ética entra dentro
también de utilizar el sexo en las campañas ¿quién dicta si se puede utilizar o
no ese tipo de contenido?
R: No hay unas normas estrictas, sí hay un órgano regulador que es
Autocontrol y luego está el sentido común, quieres notoriedad en
una campaña pero no a cualquier coste. No vas a quemar la reputación de una
marca haciendo un anuncio muy llamativo pero que cree suspicacias o hiera
sensibilidades del público objetivo. No arriesgas eso porque es un juego a
largo plazo.
P: Sin embargo ha habido marcas que han jugado esas cartas, por ejemplo
Media Markt con su anuncio en el mundial. Aparecían dos mujeres enseñando escote
y el titular era: “Verás las mejores delanteras del mundo”. El sexismo se escuda en el humor,
¿arriesgaron demasiado?
R: Ahí creo que hay una voluntad.
Media Markt piensa que al público al que se dirige va a hacer una compra por
precio y no tienen la intención de engatusar con un lenguaje muy elevado. Es
un humor más rudo y es marca de la casa.
P: Como dice su lema:“yo no soy tonto”
R: Claro, es un sistema de comunicación directo. Se lo pueden permitir
porque no buscan un público que exija refinamiento, lo que quiere ese público
son precios bajos. El propio diseño gráfico de sus folletos es también
estridente. Es marca de la casa y en el plan estratégico han decidido que no
les perjudica.
P: ¿Se puede medir objetivamente la creatividad?
R: Se puede comprobar, lo que persigue la
creatividad es favorecer la comunicación. Si haces un test posterior en el que
la gente recuerda la marca y la campaña y tiene una opinión positiva de ella,
la cosa va bien.
P: Dicen que la creatividad es
un músculo, y hay que trabajarlo. ¿Dónde está ese músculo? En la cabeza, en la vista...
R: Igual no hay que poner unas fronteras tan definidas porque la
creatividad efectivamente tiene una reacción física. Te provoca una reacción en
los sentimientos, que puede ser la risa, la congoja, la tensión… Para llegar a
que tu cuerpo reaccione de esa manera, para soltar una carcajada.
Sí, es un
ejercicio cerebral, pero no es un ejercicio lógico. No sigue una regla
establecida sino que busca que a través de tu audacia y de la libertad de
pensamiento te atrevas a recorrer parcelas que de otra manera no.
Tú haces
la mitad del trabajo, la otra mitad la hace el espectador que redondea el
sentido de lo que le propones dice: “ya lo pillo”, como si fuera un chiste. Ahí decides tú, y decides apostando. No sabes
si eso va a funcionar tan bien como tú crees pero no lo haces a tontas y a
locas. Utilizas el sentido común.
P: ¿Ese sentido común es el que
regla entre que algo sea muy creativo y a su vez no deje de considerarse una
campaña publicitaria?
R: Bueno, divide las etapas y creo que eso si es importante. Hay una
etapa en el proceso de creación que es la ideación, y ahí hay que jugar con
libertad, sin límites y sin ninguna crítica. Todas las ideas que se te vengan a
la cabeza por locas que sean considéralas y apúntalas. Después de esa sesión
que es agotadora, algunas ideas serán insensatas e imposibles de aplicar en una
campaña. Ahí entra ese sentido común que es la parte más racional, tenemos que
evaluar de todo lo que hemos pensado qué se salva y debemos racionalmente
comprobar que esa idea que salió de una manera muy loca sirve.
P: Por tanto, si buscamos lo novedoso ¿Cómo es que todavía funcionan
los clichés?
R: Tienes muy poco tiempo para comunicar tu mensaje, y en ese poco
tiempo si te apoyas en estereotipos enseguida se reconocen. Gracias a ellos
podemos reconocer un personaje en un segundo. Tiene menos matices y es más
burdo... Si pero es más directo, y en publicidad estamos obligados a hablar con
mucha rapidez, de manera casi inmediata. Lo malo que tiene es que son más
restrictivos.
P: Como debemos trabajar en
grupo y crear un buen ambiente ¿el humor puede ser el mecanismo que disuelva
diferencias?
R: El humor siempre ayuda, y no solo pare disolver diferencias si no
para pensar de una manera más relajada. El publicista Ogilvy decía que cuando estuvieras
afrontando la publicidad pensaras de la manera más divertida posible, que te lo
tomaras como si fuera un chiste. De esa forma estás más desinhibido y serás
capaz de integrar cualquier idea. Si tienes la tensión de solo decir las ideas
buenas, te vas a callar unas cuantas, y si te callas unas cuantas no puedes
avanzar. El grupo se va quedando callado hasta que se bloquea y ya no funciona.
El humor sirve
para desdramatizar y solo habiendo dicho 10 tonterías vas a llegar a la doceava
que quizá tiene sentido. Nunca habrías podido llegar a esa idea sin pasar antes
por las anteriores. Esto solo se da en un clima de humor.



