miércoles, 22 de octubre de 2014

Payasos sin Fronteras

Una entidad catalana de clown, fundada a principios de 1993, trabaja en lugares afectados por conflictos o catástrofes con una misión: hacer reír
           Navidad de 1992. “Ring, ring”. Suena el teléfono de un payaso profesional de Barcelona. Al otro lado de la línea un grupo de niños y niñas con la propuesta de realizar espectáculos en los campos de refugiados de la antigua Yugoslavia. El grupo de niños y niñas asumirá los gastos y viajará con los artistas. Esto forma parte de las jornadas a favor de la Paz organizadas en Barcelona, con el propósito de detener el conflicto que surgía en los Balcanes.
           Así nace Payasos Sin Fronteras. “Una entidad que se centra en atender a la infancia refugiada por el mundo, en zonas de conflicto armado o afectadas por desastres naturales”, define Samuel Rodríguez, responsable de comunicación y atención al socio.
           Payasos Sin Fronteras se comunica mediante el humor blanco y el juego, esto en los lugares en guerra aporta una visión ingenua y sin recelo. “La participación de clowns en estos lugares es imprescindible para dejar una puerta abierta a la esperanza”, comenta Rodríguez.

La actividad de los Payasos Sin Fronteras se basa en seis razones:
  • Apoyo emocional y proximidad. Se trabaja en contacto directo con los afectados, en el que los artistas aportan un apoyo psicológico y emocional, lo estimulan mediante una comunicación con humor. “Para la población afectada – argumenta el responsable- es importante verse reír conjuntamente, es una señal de permanencia y  resistencia ante la adversidad”.
  • Crear un espacio especial.  Se genera un canal de comunicación distinto ya que en los espectáculos participan tanto los adultos como los niños. "En ese ambiente", explica Samuel Rodríguez, "el efecto que causa en los padres cuando ven a sus hijos reír es mucho más fuerte que él que causa en los niños". 
  • Regalar lo inmaterial. Se trata de un trabajo que intenta materializar la empatía y en demostrar que las personas que viven guerras o catástrofes naturales necesitan ser reconocidas como personas que sufren emocionalmente. 
  • Tender puentes entre pueblos enfrentados.  Se puede trabajar con diferentes poblaciones o incluso juntar a los niños y niñas de comunidades en conflicto. “Lo importante es que hacemos lo mismo para albaneses que para serbios, o lo mismo con palestinos que con israelíes”, puntualiza Rodríguez. 
  • Recuperar el espacio público. “Nosotros, mediante nuestras actividades, rescatamos el lugar de encuentro entre pequeños y mayores, el lugar de juego, de distracción inocente para todos”, relata el responsable. Esto sucede porque el espacio público en los campos de refugiados no se conoce como tal. 
  • Protagonismo de la mujer. En los espectáculos participan mujeres, esto aporta un nuevo equilibrio que libera a la mujer y muestra a las niñas el humor femenino.  “No se puede decir todo desde la comedia masculina, las mujeres también tienen su propia risa”,  afirma Samuel Rodríguez.

¿Cómo se hizo?


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